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*El legendario vuelo más largo sin combustible *El diseño de Airbus salvó a todos *Habilidad del piloto, tecnología y suerte concretaron la proeza

El vuelo 236 de Air Transat, ruta Toronto-Lisboa, quedó sin combustible en el aire con 306 personas a bordo el 24 agosto donde increíblemente sobrevivieron todos.

Por: Carlos Díaz Gutiérrez 30 Julio 2017 11 49

Como legendaria gesta recuerdan el impresionante suceso que comenzó cuando el avión estaba sobre el Océano Atlántico, a las 5:30 horas, cuando los sensores de alarma avisaron de un anormal nivel de depósitos en el ala derecha del avión.

Gizmodo de Univisión recordó el suceso que cumplirá 17 años, en el que se salvaron increíblemente todos los tripulantes del vuelo 236 de Air Transat.

El Airbus A330 que piloteaba Robert Piché perdía combustible, pero el capitán no podía creerlo; pensó primeramente que era un error de la computadora y en aquellas fechas no contaban con un sensor que detectara fugas.

Piché envió a su primer oficial Dirk de Jager a verificar la fuga desde una ventanilla de cola, sin embargo, no pudo ver por la noche.

El piloto accionó la válvula que trasladó el combustible del depósito izquierdo al derecho para compensar la pérdida y con ello corroboró después los altos altos consumos de la gasolina, aunque ya era un momento muy peligroso e irreversible.

Los pasajeros no sabían lo que pasaba hasta poco después de que desayunaran tranquilamente. Repentinamente las aeromozas recogieron rápidamente los platos y vasos de todos.

El altavoz pidió a todos quitarse los zapatos y tomar los chalecos salvavidas que guardan debajo los asientos del avión. Las máscaras de oxígeno de la parte superior de cada lugar, cayeron. Comenzaron el pánico y los gritos en el vuelo.

Pinché aún creía en el error de la computadora y no cambió los volúmenes de combustibles entre alas y con el depósito central a tiempo.

A las 6 horas el motor derecho cedió, dejó de operar y ahí el capitán notó que los datos eran reales; la computadora no se equivocó.

Pinché informó por la radio que no tenía motor derecho. Puso el motor izquierdo a máxima potencia para descender a los 30 mil pies, pues no era posible mantener la altitud a velocidad crucero con un solo motor.

Diez minutos, perdió el motor izquierdo y con ello toda su capacidad de generar la energía hidráulica o eléctrica.

El bimotor Airbus A330-200 que viajaba a Lisboa desde Toronto era un planeador gigante sobre el mar, sin generación de energía.

El punto más cercano era Azores, a donde decidieron aterrizar, lugar a más de mil 300 kilómetros de distancia de la capital de Portugal, el destino original.

Gizmodo compara este incidente con el mítico caso de Gimli Glider, caso muy similar donde quedaron sin combustible también.

Los nervios se apoderaron del avión. La tripulación corría desesperada por todos lados, con gritos entre sí y a los pasajeros. Los últimos estaban paralizados del pánico.

Las instrucciones del altavoz en inglés tranquilizaba, pero todo cambiaba cuando oían las indicaciones en portugués, idioma que la mayoría de los presentes hablaba.

“Muchos pasajeros comenzaron a rezar en voz alta y lloraban a Dios”, recuerdan testigos del incidente en declaraciones para The Globe and Mail.

El diseño de Airbus salvó a todos, pues su figura evitó que cayera como una roca al quedarse sin combustible.

Una turbina de aire debajo del ala derecha que se conecta a una bomba hidráulica fue clave para salvar a todos. Este sistema aprovecha la energía de las aspas por el flujo del aire que produce la velocidad del aire, así que permitieron a la aeronave maniobrar en sus últimos minutos para aterrizar en Azores.

Piché tomó el control pero sin potencia ni freno. Llevaron el avión gracias a un sistema de rada, bajaron a 600 metros por minuto. Un pasajero confesó que se sentía como caer en picada.

El aterrizaje de emergencia empezó, Pinché calculó que tenía menos de diez minutos para obtenerlo.

Pinché era un experto planeador, así que sabía lo que iba a hacer. Movió la rueda de control con pequeño giros bruscos, como en zigzag.

A las 7 horas del 24 de agosto del 2001, el avión aterrizó con fuerza, incluso se pasó en el punto de llegada unos 300 metros después de la pista 33 a 370 kilómetros por hora, con un rebote para luego plantarse en tierra.

Aplicó el freno de emergencia y terminó el avión a más de 2.3 kilómetros de la pista. Ocho de las diez llantas se reventaron pero lo más importante: Aterrizaron sin víctimas mortales.

Luego de investigaciones revelaron que un error humano en la cadena de mantenimiento provocó los problemas, pues la empresa Rolls Royce envió piezas de un modelo más antiguo a la hora de instalar piezas hidráulicas.

Un tubo del sistema hidráulico rozó con un tubo de combustible y con ello se rompió, lo que provocó la fuga.

Esta es una proeza de la aviación y es el vuelo comercial sin motores más largo de la historia bajo un planeo no deseado, un total de 120 kilómetros para el vuelo 236 de Air Transat.

Documental de Mayday


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