Posverdad
*Cruz y los cabildos: que el poder no se reparta en automático
*Rubí Enríquez: la revolución de ternura también es política
Por: Redacción 16 Octubre 2025 06 43
El alcalde Cruz Pérez Cuéllar volvió a soltar una de esas frases que, aunque suenan institucionales, traen pólvora política: “Se debe cuidar que haya cabildos más equilibrados, que el alcalde no tenga siempre una mayoría garantizada”.
La declaración viene justo cuando en el Congreso del Estado se discute reducir el número de regidores, y ya empezó a mover la grilla en los pasillos del poder municipal.
En tono sereno, Pérez Cuéllar dijo que no tendría problema con la reducción, pero lo importante —subrayó— es mantener el equilibrio político dentro de los ayuntamientos. Y ahí está la clave. En una ciudad donde los cabildos suelen funcionar más como aplanadoras que como contrapesos, el mensaje suena a advertencia velada: menos regidores sí, pero no menos voces.
En la frontera, donde la política siempre tiene un toque de resistencia, las palabras del edil caen como guiño y también como marca de diferencia. Pérez Cuéllar sabe que en 2027 el equilibrio del poder local será clave, y que un cabildo dócil puede ser más un problema que una solución cuando se buscan legitimidades reales.
Por ahora, la iniciativa está en manos del Congreso, pero la discusión ya rebotó en Juárez. Y mientras en Chihuahua Capital se habla de recortes y eficiencia, en la frontera el alcalde lanza su propio mensaje: menos cargos no significa más democracia… ni más control.
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Con un mensaje cargado de emoción y símbolos, la presidenta del DIF Municipal, Rubí Enríquez, presentó su Primer Informe de Actividades y dejó claro que su trabajo no se mide solo en cifras, sino en cercanía y empatía.
Con la frase “Aquí hay voluntad, Juárez somos todos”, cerró un discurso que fue tanto institucional como político, porque en Juárez, hasta la ternura tiene contexto de poder.
Enríquez hizo un llamado a la unión entre gobierno, sociedad civil y ciudadanía para proteger a la niñez juarense. “Cuidar a la infancia es una tarea colectiva, es un cambio cultural, una revolución de ternura”, dijo, apelando a un lenguaje emocional que, sin perder formalidad, conecta con su papel como rostro sensible de la administración municipal.
El momento más íntimo llegó cuando agradeció a su equipo y a su familia, en especial al alcalde Cruz Pérez Cuéllar, a quien llamó su “apoyo y refugio”. En la lectura política, fue también una forma de cerrar filas, de mostrar unidad en un momento en que Juárez vive tensiones entre dependencias y desafíos sociales que no esperan calendario electoral.
Enríquez ha logrado posicionarse con un estilo propio: menos discurso técnico, más narrativa humana. Y en una ciudad acostumbrada a la rudeza política, su “revolución de ternura” suena a contraste… pero también a estrategia. Porque detrás del mensaje social hay una realidad: la política juarense también necesita rostro, y Rubí Enríquez lo está construyendo con cuidado, sensibilidad y cálculo.
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