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¿Comer rápido daña la salud? Esto se sabe

Comer a gran velocidad se ha vuelto un hábito común en la sociedad actual, donde el tiempo escasea y las prisas dominan la rutina. Sin embargo, este comportamiento puede tener repercusiones graves en la salud física y mental.

Por: María Tamayo 02 Abril 2025 20 28

Desde problemas digestivos hasta un mayor riesgo de desarrollar enfermedades crónicas, la acción de comer los alimentos sin masticar adecuadamente altera procesos corporales esenciales. 

Estas son las consecuencias para la salud de comer rápido:

  • Problemas digestivos y malabsorción de nutrientes

Cuando comemos demasiado rápido, no damos tiempo suficiente a que las enzimas salivales inicien el proceso de descomposición de los alimentos. Esto obliga al estómago a trabajar el doble, generando indigestión, acidez estomacal y gases. Además, al no masticar correctamente, partículas más grandes de comida llegan al intestino, dificultando la absorción de vitaminas y minerales. Con el tiempo, esta mala digestión puede derivar en síndrome de intestino irritable o incluso intolerancias alimentarias.

  • Aumento de peso y riesgo de obesidad

El cerebro tarda aproximadamente 20 minutos en registrar que el estómago está lleno, pero quienes comen rápido suelen ingerir más alimento del necesario antes de sentir saciedad. Estudios vinculan este hábito con un mayor consumo calórico y un índice de masa corporal (IMC) elevado.

A largo plazo, esto incrementa el riesgo de obesidad, especialmente cuando se combina con elecciones de alimentos procesados o altos en grasas. La resistencia a la insulina y la diabetes tipo 2 también son consecuencias asociadas a este patrón alimentario.

  • Mayor probabilidad de desarrollar enfermedades cardiovasculares

Comer velozmente se relaciona con niveles más altos de triglicéridos en sangre, un factor clave para la aparición de enfermedades del corazón. Esto ocurre porque la rápida ingesta de alimentos procesados o ricos en grasas saturadas eleva abruptamente el azúcar en sangre y la presión arterial. Asimismo, la ansiedad generada por las prisas al comer activa el sistema nervioso simpático, liberando hormonas del estrés que dañan los vasos sanguíneos. No es casualidad que las personas que comen rápido tengan un 50% más de riesgo de sufrir síndrome metabólico.

  • Impacto en la salud mental y relación con la ansiedad

El acto de comer rápido suele ser un reflejo de estrés o ansiedad, creando un círculo vicioso: la mala alimentación empeora el estado de ánimo, y la angustia impulsa hábitos alimentarios desordenados. Esta práctica también reduce la conexión con las señales de hambre y saciedad, favoreciendo trastornos como la bulimia o el comedor compulsivo. Por otro lado, al no disfrutar conscientemente de la comida, se pierde uno de los placeres cotidianos que contribuyen al bienestar emocional.


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