Cebolla de Chihuahua limpia; infecciones serían por mala higiene en EU🎦

La cebolla de Chihuahua resultó estar limpia de salmonella y el brote en Estados Unidos en 2021 con este alimento y con otros tendrían en realidad su causa en falta de higiene en las últimas partes del proceso antes de llegar a la mesa.

Por: Carlos Díaz G. 09 Septiembre 2026 16 51

Esta posibilidad la planteó Graciela Dolores Ávila Quezada, doctora en Fitopatología e investigadora nacional nivel II de la Facultad de Ciencias Agrotecnológicas (Faciatec) de la UACH quien recibió este año el Premio Nacional de Sanidad Vegetal.

Fue en 2021 cuando ocurrió en Estados Unidos un brote de más de 650 casos de Salmonella Oranienburg vinculado a cebollas importadas desde el estado de Chihuahua.

Chihuahua es el mayor productor de cebollas de México.

En la trazabilidad descartaron que la infección ocurriera en el proceso de producción en el estado de Chihuahua y los datos apuntan a que habrían ocurrido más adelante.

Así como pasa con la cebolla, en recientes fechas las autoridades sanitarias estadounidenses han estado identificando brotes de E. coli, salmonella y otros patógenos en alimentos importados donde la constante serían omisiones en la última etapa de proceso de los alimentos, incluso en los restaurantes o cocinas.

Cebolla: realizará estudio la UACH

En entrevista para tiempo.com.mx y puentelibre.mx indicó que dirigirá una investigación con estudiantes para buscar Salmonella y E. coli en alimentos, lo que serviría para refrendar el prestigio de la cebolla chihuahuense.

El estudio será desarrollado por investigadores y estudiantes de la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACH), con el objetivo de dejar evidencia científica sobre las condiciones sanitarias de la cebolla chihuahuense.

Podría ser una tesis y luego formar parte de un artículo científico. “Nos vamos a dirigir a la cebolla nada más para que quede bien documentado" en la literatura académica.

¿Por qué investigar la cebolla?

La cebolla es uno de los productos agrícolas más importantes de la región centro-sur de Chihuahua. Una alerta sanitaria puede afectar no solamente su venta, sino también a productores, trabajadores y familias que dependen de su cultivo, empaque y comercialización.

Ávila Quezada recordó que especialistas de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) y del Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica) ya han realizado revisiones ante alertas anteriores.

De acuerdo con la investigadora, esas inspecciones no encontraron Salmonella ni E. coli en la cebolla analizada.

“Los mismos estudios que han venido a hacer la FDA y el Senasica para buscar E. coli y Salmonella en cebolla: no hay”, afirmó.

Sin embargo, la UACH busca realizar su propia investigación para convertir en artículo y dejar los resultados por escrito para que puedan ser consultados por productores, autoridades, compradores y científicos.

Una estudiante de Delicias realizará el monitoreo

El proyecto también servirá para formar a una nueva generación de investigadores.

Una estudiante ubicada en Delicias comenzará a monitorear la posible presencia de Salmonella y E. coli en cebolla, acompañada por especialistas mediante un esquema de codirección académica.

Esto implica que tendrá orientación de distintos investigadores durante la toma de muestras, el trabajo de laboratorio, el análisis de resultados y la preparación del documento científico.

Ávila destacó que los alumnos no permanecen únicamente dentro de las aulas o los laboratorios. También salen al campo, conocen a los productores y comprenden la importancia económica y social de los cultivos que estudian.

“Les gusta mucho hacer un trabajo en campo y luego conocer productores y platicarles qué encontraron. Es una gran aportación y una gran satisfacción para el estudiante también”, señaló.

La investigación no termina en el laboratorio

El primer producto del estudio será una tesis, pero la intención es convertir los resultados en un artículo científico con alcance internacional.

La publicación permitirá que especialistas y autoridades de otros países conozcan la evidencia generada en Chihuahua, especialmente cuando surjan nuevas alertas que puedan afectar la confianza en la cebolla mexicana.

Ávila explicó que una investigación agrícola no se realiza de un día para otro. Aunque el diagnóstico de un microorganismo puede acelerarse para ayudar al productor, un proyecto completo generalmente requiere alrededor de un año.

Para la especialista, publicar los resultados también es una manera de proteger el prestigio de los productos agrícolas del estado.

“Primero está la aportación científica: qué encontramos en las tesis y cuál es la aportación para un artículo, para que precisamente a nivel mundial vean que, en este caso, esperamos que la cebolla esté limpia”, expresó.

Investigación aterrizada para beneficiar a la sociedad

La investigación no depende de una sola persona. En los proyectos de sanidad e inocuidad participan académicos de diferentes especialidades, estudiantes, productores y organismos agrícolas.

Ávila señaló que su equipo colabora con integrantes de Faciatec, Faciatec Cuauhtémoc, la Facultad de Ciencias Químicas y la Facultad de Zootecnia y Ecología.

También trabajan directamente con productores, con el Comité Estatal de Sanidad Vegetal de Chihuahua (Cesavech) y con juntas locales de sanidad vegetal.

Cuando un agricultor detecta una mancha, deformación o síntoma diferente en su cultivo, puede recurrir a estos organismos. Los investigadores acuden al campo, toman muestras y buscan identificar si el problema fue causado por un hongo, una bacteria, un insecto u otro agente.

“Creo que la UACH se caracteriza por llevar a la sociedad lo que encontramos. La investigación científica la aterrizamos”, destacó Graciela Ávila.

El alimento puede salir limpio del campo y contaminarse después

La investigadora advirtió que encontrar una bacteria en un alimento no significa necesariamente que la contaminación comenzó en el campo.

Un producto agrícola puede salir limpio de la parcela y contaminarse después, durante el corte, lavado, empaque, transporte, preparación en un restaurante o incluso dentro de una vivienda.

Ávila recordó casos en los que inicialmente se responsabilizó a productos mexicanos, pero la trazabilidad permitió identificar que la contaminación había ocurrido en instalaciones de Estados Unidos.

Como ejemplo, mencionó investigaciones sobre fresas y cebolla en rodajas que detectaron problemas durante las etapas posteriores a la cosecha.

La trazabilidad funciona como una reconstrucción del camino recorrido por un alimento: permite conocer dónde fue cultivado, empacado, transportado, procesado y vendido hasta llegar al consumidor.

Manos, cuchillos y tablas también representan riesgos

Entre los puntos más delicados se encuentran las últimas etapas de preparación, cuando el alimento ya está muy cerca de ser consumido.

Una persona que no se lava correctamente las manos puede contaminar frutas, verduras, utensilios y superficies. El riesgo también aumenta cuando se utilizan los mismos cuchillos o tablas para diferentes alimentos sin lavarlos adecuadamente.

“Generalmente es en la última etapa, ya muy cerca del consumo; incluso el mismo consumidor. ¿Cuántas veces lavamos nuestra tablita? ¿Cuál usamos, de madera o de plástico?”, planteó Ávila.

La investigadora llamó la atención sobre los cuchillos con filo dentado, pues los pequeños espacios pueden conservar residuos si no se limpian cuidadosamente.

“Todo eso, a veces, en nuestra casa, nosotros mismos nos enfermamos”, expuso.

Sanidad e inocuidad no son exactamente lo mismo

La sanidad vegetal se enfoca principalmente en las enfermedades y plagas que afectan a las plantas, como hongos, bacterias o insectos capaces de dañar un cultivo.

La inocuidad alimentaria busca que el producto que llega a la mesa no represente un riesgo para la salud de las personas.

Ambas áreas están relacionadas, pero una cebolla sana en el campo todavía debe ser manipulada correctamente durante su empaque, distribución, venta y preparación.

Por ello, la investigación de la UACH no solamente pretende conocer qué ocurre en la parcela, sino ayudar a distinguir en qué parte del proceso pudo presentarse una contaminación.

El estudio permitirá formar estudiantes, respaldar a los productores con evidencia y explicar a la sociedad que la seguridad de los alimentos depende de todos los eslabones: desde quien los cultiva hasta quien finalmente los prepara y consume.

 
 


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